Tu Derecho Innato
Reclama tu poder
A menudo pienso: ¿cuánto deseo ajeno vive dentro nuestro?
Qué difícil y ajeno se siente empezar a confiar en tu voz,
en tus deseos, en tus pulsos y en tus pálpitos,
cuando no estás para nada acostumbradx a funcionar así en tu vida.
Porque desde que tenés consciencia, respondés acorde a lo que “deberías de hacer”, a cada momento y en cada etapa de tu vida.
Porque, en realidad, tenés muy poca noción de cómo se siente un deseo genuino en tu cuerpo. En realidad, tenés muy poca noción de cómo se escucha, cómo se mueve y expresa dentro tuyo.
Porque, en realidad, nunca nadie te enseñó que hacerlo es un derecho no adquirido, sino heredado. En realidad, nunca nadie te enseñó que tenés ese poder innato.
Estoy hace un par de años en ese proceso.
Más precisamente desde que conocí sobre Diseño Humano y mis ojos se abrieron hacia un nuevo mundo, como si hubiera despertado de un sueño y volviera al plano de lo que siempre había sido la realidad.
Comencé mi proceso de decondicionamiento (uno que lleva 7 años acorde a lo que enseña el Diseño Humano) y comencé a repensar mi forma de funcionar, de moverme en mi día a día.
Comencé a advertir cada una de mis decisiones que nacían no de mi deseo, sino de una creencia sobre lo que “debería elegir” hacer o no hacer. Por supuesto, siempre con el condimento de la mirada y opinión ajena y lo que esto podría llegar a implicar.
Entonces, mi tarea se volvió reconectar con cómo se siente y cómo se manifiesta un deseo genuino en mí.
Mi desafío se volvió no caer en el piloto automático para no confundir el hacer algo por un deseo genuino o porque ya estoy programada para elegir de esa forma por default.
Esto abarca —por si te lo estabas preguntando— cada área de mi vida, absolutamente TODO lo que compone mi todo:
Qué elijo comer
Cómo voy a vestirme hoy
Si voy a hacer actividad física o no, y de qué tipo
Qué elijo para decorar mi casa
Con quién estoy pasando mi tiempo
Qué voy a ver en la tele
Qué voy a escuchar en YouTube
Qué quiero hacer en mi tiempo libre
Hasta lo que te parezca una nimiedad, hasta de eso me estoy asegurando que venga de un deseo genuino.
Un proyecto con el que empezó todo esto fue con una limpieza profunda de clóset. Y es que me di cuenta de que tenía muchísima ropa negra y muy poco color. A mí me ENCANTA el color. ¿Pero qué había aprendido yo? Que la ropa negra es más funcional. Entonces, de eso estaba lleno mi placard.
Comencé a sacar todo lo que ya no me representaba, todo lo que había comprado por mera moda y, a final de cuentas, nunca había usado; todo lo que no me hacía sentir cómoda; todo lo que sentía que apagaba mi esencia al llevarlo puesto; todo lo que había comprado para ser meramente funcional y no por deseo.
Y entonces fui dejando espacio para prendas que ahora me representen, pero en serio. Prendas que puedan ser funcionales no al mundo exterior, sino a mi mundo interior. Prendas de telas suaves, de colores vibrantes o pasteles, o un poco de los dos para cuando me encuentro en un mood más romántico que playful, o al revés.
Y entonces fui sintiéndome y viéndome cada vez más yo.
Otro proyecto con el que me comprometí fue el de no asistir a reuniones o actividades motivadas por el compromiso (#datodecolor: nada peor para la energía de un Generador/Generador Manifestante que hacer por compromiso), algo que solía hacer muy recurrentemente, entendiendo como “de buena educación”, “de buenos modales”.
Pero aprendí que cada vez que decís “sí” por compromiso a alguien más, te estás diciendo “no” a vos. Y creo, CREO, que si algo aprendí es que nada es más importante que respetar mi deseo y mi energía. Debo agregar que si hay algo cierto, es que los vínculos o situaciones que sostenemos meramente por compromiso, van a caer por su propio peso (así que ¿qué mejor que no desperdiciar tu preciado tiempo, no?.
¿Mi siguiente proyecto/desafío?
Seguir afianzándome en mi cuerpo vs. mi mente.
Familiarizarme cada vez más con cómo se siente en mi Ser responder de forma auténtica, y ver cuáles son los resultados de actuar desde esa parte de mí vs. cuando me gana mi viejo modus operandi.
Seguir bien despierta para detectar mis pilotos automáticos, y seguir en la aventura que es reclamar mi derecho heredado, mi brújula, mi poder.


