Quién Soy
[de todas]
¿Se acuerdan de la escuela? La época en la que le firmabas los cuadernos a tus amigos a fin de año, por el cumpleaños, o simplemente por dejarles una nota random para cuando regresaran al banco.
“Nunca cambies”
“Nunca cambies”
“Nunca cambies”
En mi época de niñez y adolescencia, lo que más quería en el mundo era cambiar. Ser diferente. Tener otra personalidad.
Luchaba mucho internamente con quién era y crecí creyendo que no tenía reparo. Pero, en realidad, lo que no tenía eran herramientas.
Desde muy chica me interesó el mundo de la espiritualidad y del desarrollo personal, y fue cuando fui por primera vez a una sesión de Reiki que, al escuchar la devolución, me sentí “especial”. Fue la primera vez que sentí que había algo dentro mío que brillaba, que “servía”, que me iba a llevar a algún lado en la vida.
Años y años leí, investigué, escuché, fui a terapias alternativas y no tanto, para poder empezar a armar el rompecabezas de por qué me sentía tan desencajada.
Dentro de mis grandes tópicos se encontraban:
Mi inseguridad/valoración personal.
Mi vínculo con el enojo (en el sentido de no quedarme con eso, no quedarme en eso, poder soltar y seguir).
Ser “dura” / poco amorosa.
Mi comunicación (o mi falta de ella, debería decir).
Mi impaciencia.
Desde muy chica recuerdo a mis papás pidiéndome que cambie, haciéndome saber que tenía que mejorar esas cosas, preguntándome por qué lo hacía… Si solo hubieran sabido que yo no era más que un espejo.
En fin. Seguramente nadie ha tenido idea de lo que me esforzaba, de todos los diálogos internos que tenía cada vez que quería acercarme a pedir perdón por algo que había hecho, o después de un enojo, una discusión. Quería con todas mis fuerzas ser diferente y me castigaba profundamente por no poder serlo.
¿Y qué fallaba? ¿Qué me pasaba? Simplemente no tenía herramientas.
En el mundillo de la sanación espiritual y el desarrollo personal se escucha mucho el:
“Estamos rotos”
Nunca me cerró mucho este concepto un tanto marketinero porque "si estás roto, entonces, tenés que arreglarte, porque si estás roto no estás bien, no estás a tu 100, estás mal”… Algo que al 2025, para mi gusto, ya quedó muy demodé.
Después de años enfocada en “arreglarme”, pude ver la sutileza que escondía debajo la gracia que es la personalidad que se imprimió en mí durante la infancia y que luego me acompañó en mis futuros años de desarrollo, de adolescencia, de mis tempranos veintes…
Yo no voy a dejar de ser de una forma o la otra, mejor o peor, una enojona o una amorosa de la vida.
Porque yo no soy eso.
No soy mi enojo.
No soy mi impaciencia.
No soy mi dureza emocional.
No soy ni poco valiosa ni tampoco virtuosa.
No soy mis silencios, ni tampoco mi efusividad.
No soy llorona.
No soy burra.
No soy menos ni más.
Identificarme por tanto tiempo con todos esos personajes, o creer que todo eso era lo que era, me hizo profundamente infeliz e hizo que no viera nada ni imaginara nada para mi futuro. Todo estaba muy borroso. ¿A dónde podía llegar yo siendo esa?
[Me abrazo]
No fue hasta que descubrí que quién soy en realidad es quien vino a este mundo a experimentar todo eso y ELEGIR cómo quiero responder hoy ante lo que me pase en el día, que entendí que no estaba fallada, no estaba rota. Y si no estoy fallada y no estoy rota, no hay nada que arreglar…
Solo tenía que poder acceder al conocimiento y tener la práctica de poder responder en lugar de reaccionar por default, como reaccionaría quien reacciona desde el enojo (no siendo yo "la enojona"). Y es que, nótese la diferencia entre decir “Soy enojona, soy eso, soy enojo” y decir “Siento enojo, siento esa emoción”. Y entonces, el proceso es otro. No es cambiarme. Es aprender a procesar el enojo, sentirlo, procesarlo y dejarlo ir.
Y esto no es algo que nos enseñan de chicos. Es algo que la mayoría descubrimos de grandes que podemos hacer.
Y qué importante es saberse capaz y reconocer ese poder en nosotros, el de poder hacer esos cambios por nosotros mismos, más allá de circunstancias pasadas o futuras. Eso es recuperar nuestro poder y hacernos cargo de que contamos con ello. Y debe ser el mayor de los regalos.
La cosa es que, cuando tuve esta realización, pude relajar el sentirme tan desubicada y comprender que podía, cada día, levantarme y elegir cómo responder ante cada circunstancia que me desafía, que me pone frente a eso que quiero trascender.
Y es que lo que quiero trascender no es ser enojona para dejar de serlo, sino poder cambiar la forma en la que respondo naturalmente ante situaciones que hacen surgir el enojo dentro de mí.
El enojo no está allá afuera.
La impaciencia no está allá afuera.
Todo esto, así como sus antítesis, viven dentro de mí y están ahí porque soy humana. Vine a experimentarlo todo y a aprender a gestionarlo, a aprender sobre mi humanidad, sobre lo que más se me presenta como desafío en mi vida cotidiana.
Bad News… Para poder aprender a gestionar aquello de lo que vinimos a aprender, ¿adivinen qué? Lamentablemente, necesitamos lo contrario. Sino, ¿cómo sabríamos que mejoramos, no?
Entonces, si pedís mejorar tu ansiedad, vas a necesitar encontrarte con situaciones que desafíen esa emoción, situaciones que te pongan cara a cara con la ansiedad para que vos puedas practicar elegir responder de otra manera.
Hoy en día, esta es mi nueva práctica.
Empecé a reformular todas las creencias sobre quién creía que era y a preguntarme: ¿Cómo respondería la Victoria que quiero ser de acá a un tiempo?
Y este es un ejercicio que les super recomiendo que hagan también.
Para llegar a ser quien quiero ser, quien sueño ser, viviendo la vida que quiero vivir, no lo voy a lograr “X” día, cuando pase “X” cosa. Tengo que empezar HOY a hacer acciones conscientes en dirección a ello. Porque ni siquiera es ESO, llegar a “X”. Es el proceso. (Ahí les lancé la dosis de sobrecito de azúcar del día por la cabeza).
Si quiero ser una Victoria que ya no reacciona ante el enojo de la forma que suelo hacerlo, entonces tengo que poder HOY verme frente a situaciones que hacen surgir esa emoción y responder de otra forma.
Nada de esto significa que en ningún punto de aprendizaje te pasen por encima, (un disclaimer).
Y también puedo recordar que puedo enojarme, porque soy humana. Y el día de mañana me puedo impacientar, porque soy humana. Pero puedo no quedarme a vivir en esa emoción ni identificarme con esto. Puedo usar lo aprendido para procesarlo y dejarlo ir más tarde.
Quiero que sepas, si te sentís mal por ser como sos o por sentir que tenés mucho que cambiar, que sos valiosa, sos valioso.
Deja ir esa resistencia a ser como sos y vas a ver la presión que se libera. Y es que ese es el primer y un muy importante paso hacia el verdadero cambio: tu aceptación.
Y sabe también, que probablemente lo que esté pasando en el momento de querer cambiar y sentir que fallás una y otra vez, o que volvés a caer en tus patrones, no es porque no tenés arreglo, simplemente necesitás las herramientas que se ajusten a vos
.


