POTENCIAL
¿qué te detiene?
A menudo pienso en todo el potencial que se debe estar desperdiciando ahí afuera.
Lo pienso porque a menudo me despierta mi propio despedicio cuando ya se acumuló suficiente porquería en mi pieza o lo mismo que decir en mi mente, donde vivo 24/7.
Por miedo, por inseguridad, por sentirme pequeña ante “los que sí saben”, por sentir que todavía me falta vivir más, saber más, conocer más, pasar por más…
Nombré unos cuantos, pero el personaje principal de mi historia fue siempre uno: el miedo.
Desde chica recuerdo ser una mezcla de temor y vergüenza. Prefería siempre pasar desapercibida y ser invisible, algo que dio un giro de 180 grados al darme cuenta de que en realidad la antítesis de este miedo era justamente mi hambre por ser vista. Mi hambre por impactar positivamente en el otro, por ser escuchada y contar lo que sé, lo que aprendí, pero esta contraparte en mí estaba al borde de la desnutrición.
Fueron estos últimos años, casi terminando mis veintis y casualmente (para los escépticos) matcheando con mi retorno de Saturno, que mi foco y mi trabajo fue sacarme de la mugre. De mi propia mugre mental. Un proceso que fue como limpiar una de esas casas donde vive ese tipo de gente que terminan en la tele por ser acumuladores compulsivos porque sin darse cuenta abarrotaron todo su espacio de cosas que no necesitan, pero que creen no poder vivir sin. Aquellos que los miramos desde nuestros sillones con incredulidad nos creemos muy distintos, pero creo que ellos simplemente están externalizando en su ambiente lo que a muchos se nos queda acumulado dentro.
Así me había llenado yo hasta la nuca de creencias que no me hacían más que sufrir y lo peor de todo, desperdiciar mi innato potencial.
No es fácil. Es desgastante. Requiere de muchísima energía, tiempo, frustración, incomodidad y, en muchos casos, sí, dinero. Entonces entiendo porque muchos se quedan a medias o no pueden pensar siquiera en la idea de empezar…
Quizá sea porque siento que hay algo en mí internamente muriendo y naciendo al mismo tiempo que, de nuevo, coincide casualmente con esta época del año que marca “un final” que quiero enfatizar este mensaje:
Nunca estamos ni estaremos listos y nunca será preparación suficiente. ¿Entonces qué te detiene realmente? ¿Cuál es tu excusa para no vivir plenamente tu potencial?
Hoy, me siento como una niña con habitación a estrenar. Una habitación que fue remodelada finalmente a mi gusto y no según la billetera o el gusto de mis papás.
Fue un viaje largo y me emociona hasta las lágrimas narrar a una Victoria que ahora pienso y describo con mucha compasión.
De todas formas, naturalmente, es solo el comienzo.
Y también puede ser el tuyo.



Que lindo, gracias por la honestidad y vulnerabilidad. Me identifico con mucho