Lo Que Creés Posible
la clave no era el deseo
Un día, sin querer, me di cuenta.
Mucho de lo que anhelo y sueño para mi vida… no lo creía realmente posible.
Lo añoraba profundamente, sí, pero también es cierto que solía aflorar una criaturita haciendo un trabajo muy fino dentro mío —muy sigiloso— que me bajaba a tierra, a otra tierra…
Una donde eso con lo que yo tanto fantaseaba, no se hacía realidad:
“La verdad, no creo que pase. En realidad, si me pongo seria, no creo que esto sea para mí. Quizá en otra vida. Quizá si tuviera otra suerte. Quizá si hubiera tenido otra fortuna. Quizá si hubiera empezado 5 años atrás…”
Así me bajaba, tan sutilmente de un hondazo, para volver a foja cero.
Para volver a mi programación habitual: a la de una vida en la cual tengo un deseo intenso, pero la realidad es —y va a ser— otra.
Una vida en la cual me preguntaría día tras día si llegaría el día en que al menos uno de mis sueños se me diera, para que esta criaturita —muy inocentemente— me dictara por detrás, como un compañero de banco que se escabulle y te acerca el machete con la respuesta, y me dijera que la correcta es: “No.”
El día en que, sin querer, me di cuenta, me pregunté:
¿Qué creo realmente que es posible para mí?
Siendo bien honesta conmigo misma…
¿Qué es lo que creo que podría un día aparecer en mi camino?
Aquella criaturita se hizo presente, pero esta vez —y para mi sorpresa— LA VI.
Como quien agarra a alguien con las manos en la masa.
Como quien desenmascara al verdadero culpable mientras todos señalaban a otro, a un pobre inocente cumpliendo una pena que no era suya.
Congelada por la sorpresa de haberla pillado a pesar de ser tan ágil y confiada, me dio tiempo de observarla. Y de preguntarle algo que nunca antes le había preguntado:
¿Cuánto creés merecer?
Si sos realmente honesta…
¿De cuánto de todo lo que deseo creés que soy merecedora?
El silencio fue aturdidor.
Y es que cambié el ángulo.
Pude ver cómo se revelaba otra figura,
como cuando uno observa una obra de arte que parece 2D,
pero al recorrerla aparece una profundidad,
una cara derecha y una izquierda,
un arriba y un abajo…
y como por arte de magia, esa figura contenía otra realidad dentro de sí misma,
totalmente diferente a la original.
Bastaba solo un cambio de perspectiva.
Era tan solo hacer la pregunta correcta.
Quiero todo.
Todo lo que pueda sucederme en esta vida y más.
Quiero que mi vida sea arte.
Quiero que mi vida sea espectacularmente anecdótica.
Quiero todo lo lindo que este mundo tiene para ofrecer…
Quiero mis sueños cumplidos.
Pero…
¿Si soy sincera conmigo misma… creo merecerlo?
Por mucho tiempo no fui consciente de que la respuesta era: No.
Esa criaturita que habita en mí y se hacía tan presente no creía que lo que queríamos era “muy loco” o que no ocurriría por falta de suerte —porque de hecho, lo imaginamos porque sabemos que es posible.
Lo hemos visto suceder para otras personas.
Lo hemos visto convertirse en realidad en la vida de otros seres humanos.
El detalle era que no lo creía posible para mí.
Porque esa criaturita no nos creía merecedoras.
“Eso ha sucedido, sí. Pero para otros seres humanos que sí lo merecen. Nosotras… no sé…”
Eso fue lo que confesó muy tímidamente tras mi pregunta, tras ser descubierta, tras ser puesta en evidencia.
Pero ahora la realidad es otra.
Porque ahora soy consciente.
Ahora sé que el universo funciona así:
Lo imagino posible para mí
Lo siento posible para mí
Creo merecerlo
Tengo la certeza de que va a suceder, de que ya sucedió, de que ya existe en mi realidad.
Sé que tal vez esto te parezca pensamiento mágico.
Pero te propongo, no que me creas…
PROBALO.
¿Por qué el universo debería concederte algo que ni siquiera vos creés merecer?
Si hay una cosa que es cierta, es que podés o no conocer la ley de gravedad,
pero eso no implica que deje de funcionar solo porque la conozcas —o no.
Gracias a que un día, como quien no quiere la cosa, me di cuenta, fue que mi perspectiva cambió. Y empecé a creer lo imposible posible, porque creí —y creo— MERECER.
No estoy orgullosa de esto, pero me ha pasado, he tildado a otras personas de arrogantes por tener en su porte el merecimiento escrito en la frente y resaltado con amarillo flúo. Hoy sé que eso era solo el reflejo de lo que yo anhelaba para mí: esa seguridad, ese cartel.
Hoy lo cargo orgullosa.
Y aunque sé que puedo agregarle más adornos, más brillantina, más color…
Poco a poco, voy a mi paso, consiguiendo esos materiales. Los que me faltaban para poder armar mi cartel a mi gusto y medida.
Hoy te propongo hacer un cambio de perspectiva, para que puedas hacerte la pregunta correcta que te dará lugar al insight que necesitás para hacer tu shift. Para encontrar esos materiales que te faltaban para armar tu cartel… pero que están ahí afuera. Y existen para todos.
Solo están esperando a que te hagas la pregunta correcta,
para que los encuentres en el lugar correcto.



