Adictos a la Queja
Más cortisol, menos memoria, menos disfrute.
Más que nunca he notado y me he visto profundamente irritada por la adicción de la gente a la queja.
“Let it be” y “Live and let die” opinan diferente a mí. Además, ¿no estoy a través de este acto quejándome YO? (Obviemos esto por lo que dure este texto mientras trato de aterrizar mi argumento y luego decidirán).
No pude evitar indagar un poco más allá, y es que en otra vida estoy ejerciendo de psicóloga en quién sabe dónde, y me encontré con que quejarse es una ADICCIÓN igual de seria y potente como quien no puede dejar de fumar tabaco, consumir alcohol, apostar, etc., etc.
Seguramente te ha pasado de tener algo en mente que te gustaría comprar y, de pronto, te cruzás con el objeto de tu deseo por todos lados como si fuera magia, como si fuera el universo mostrándote tu deseo continuamente como una señal de que lo obtengas. Bueno, dejame decirte que no es magia, sino que contamos con un sistema que hace que pensemos en comprar un Volvo rojo y, de pronto, veas Volvos rojos a cada cuadra. La neurociencia lo llama “Sistema Reticular Activador”. Y sí, todos lo tenemos. Este filtra la enorme cantidad de información que hay en tu ambiente (pues imaginate si el 100% de los estímulos con los que nos encontramos constantemente llegaran al front desk de nuestros cerebros... ¡colapsaría!) para que te traiga a tu campo de atención solo lo que es importante para vos. ¿Cómo determina qué es importante para vos? Acorde a lo que ronda por tu mente, es decir, tus pensamientos.
Quien se queja constantemente está ejercitando un músculo en el cerebro que más adelante va a necesitar de más de ese combustible. La persona que se queja va a empezar a APRENDER, DESARROLLAR Y FORTALECER la capacidad de su Sistema Reticular Activador para estar más alerta a los elementos de su realidad sobre los que pueda quejarse, alimentando un círculo vicioso que se vuelve, valga la redundancia, ¡un vicio!
Pero lo que más llamó mi atención y generó en mí una chispa para querer compartir esta información, es que el quejarse por default no es gratis.
Estudios han demostrado los efectos negativos que produce en el cerebro el quejarse constantemente:
Altera su estructura y funcionamiento saludable
Reduce la capacidad de resolución de problemas
Reduce la memoria
Reduce la capacidad de aprendizaje
Aumenta la liberación de cortisol (hormona del estrés), que a niveles altos sostenidos en el tiempo puede dañar el tejido cerebral
Reduce la capacidad de placer y disfrute
Y sumaría a la lista una mucho muy importante: ¡puede volverte un repelente de gente! Y es que pensalo, ¿quién quiere estar cerca o pasar tiempo con alguien a quien tiene que escuchar quejarse constantemente o que siempre tiene un comentario negativo?
Si te reconocés a través de este texto como alguien que se queja constantemente, ¡enhorabuena! Es un gran paso traerlo a conciencia (también podés compartir este post a modo informativo con esa persona que conocés y querés que se dé cuenta😉). Este primer paso es de los más importantes, y es que, ¿quién no ha estado todo el día en el piloto automático de la queja…?
¿La buena noticia? Nuestro cerebro está tan perfectamente diseñado que su neuroplasticidad no solo funciona para los malos hábitos y las adicciones, sino que también funciona para cuando queremos cambiar. Si ejercitamos los músculos de nuestros cerebros, nuevas y mejores conexiones neuronales pueden nacer y fortalecerse. Y es que, por suerte, no estamos destinados a nacer y morir iguales.
¿Qué sigue?
Por un lado, es primordial que en cada acto de quejarte puedas agarrarte con las manos en la masa. Una vez que se te escapó ese comentario pero estuviste lo suficientemente atentx como para notarlo, podés entonces corregir esa muletilla con un comentario positivo.
Más adelante, quizá lo pienses pero no te salga el impulso automático de decirlo, sino que, al frenar ese tren de pensamiento, tu comentario, por el contrario, puede revertirse a uno positivo o reflexivo.
Finalmente, con la práctica y el tiempo, vas a poder desarrollar y fortalecer la capacidad de tener una visión incluso más positiva, y entonces la queja va a pasar a ser solo un fantasma que muy esporádicamente te visita, pero sabés que se equivocó de puerta.
En otra entrada podemos conversar más sobre técnicas/herramientas que estimulan y fortalecen nuestra conciencia para que, en primer lugar, podamos siquiera ser conscientes de los pensamientos que están circulando por nuestra mente (¿sabías que el 95% de nuestros pensamientos son inconscientes?).



Nos hacemos adictos a cualquier cosa que ayude a desenfocar nuestra realidad en vez de hacer la nuestra presente. Por eso es mejor estar en ambientes naturales y no ver la tele, o en esta actualidad videos que no te ayuden a crecer u aprender algo importante. Lo de importante cada cual a su alcance.